Normalmente los presidentes de este país usan su Discurso sobre el Estado de la Unión norteamericana para hacer público las nuevas iniciativas que busca. La gente espera que sean unas propuestas que breguen con los problemas más grave de la nación.

Sin embargo, el discurso de presidente de turno George W. Bush no fue así.

Bush empezó su discurso alabando sus aventuras imperialistas, su guerra contra Irak, y criticando a los que se oponen a la ocupación de ese país por EEUU. Con demagoguería el nombró varios países que enviaron tropas a Irak para contrarrestar a los que quieren que la ONU se encargue de llevar a ese país a la normalización con un gobierno transición a la democracia. Lo que Bush no dijo era que él envió a más de 130.000 soldados y los otros 26 países tienen menos de 24 mil.

Mientras Bush se jactó de la captura de Saddam Hussein, no dijo nada de los más de 500 soldados estadounidense que han muerto en Irak y siguen muriendo a pesar de la derrota y captura de Hussein.

Bush habla de la educación. Cuando hizo campaña electoral él dijo que quería ser conocido como el presidente de la educación. Mientras habló de su ley de “reforma educativa” Ningún Niño quede Rezagado – una ley que muchos educadores dice no hace nada para mejorar la educación pública, sino que la destruye – no dijo ni una palabra sobre su falta de poner suficiente fondos para su propia ley educativa.

En vez de un plan para poner fin a desempleo, habló de hacer permanente los recortes de impuestos para los ricos.

En vez de hablar de la necesidad de seguro médico para todos, habló de su plan de recetas médicas para ancianos que obliga a muchos de ellos pagar más.

En vez de hablar de la aministía para los indocumentados, habló de su plan para permitir que inmigrantes vengan a trabajar en EEUU, pero sin derechos ni ninguna esperanza de ser parte de este país.

En su discurso, ambos en lo que dijo y lo que calló, Bush dio suficiente razones para sacarlo el próximo noviembre.

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