Los sindicatos pueden revertir la política de brecha racial que divide a los trabajadores
Sculpture of the AFL-CIO’s logo depicting the multi-racial unity of the labor movement on the front of its building in Washington, D.C. | Matt Popovich / Wikimedia Commons

Traducción por Sara Ladino Cano

Sería una narración incompleta decir que los últimos años en los que se han presenciado manifestaciones de injusticia racial contra comunidades negras y mestizas han sido devastadores.

Desde las ejecuciones públicas de Mike Brown, Walter Scott, Philando Castilla y Renisha McBride, hasta la reciente “prohibición de los musulmanes” promulgada por el recién elegido Donald Trump, nos encontramos viviendo en un momento en que la ansiedad racial y las tensiones están en un máximo histórico.

Mientras disfrutamos de la elección del primer presidente negro, Barack Obama, pronto nos recuerdan de las profundas divisiones raciales que nuestro país aún tiene que superar con los recientes nombramientos de reconocidos nacionalistas de raza blanca a los altos cargos de la Casa Blanca y con la confirmación del procurador general Jeff Sessions – quien tiene antecedentes de discriminación racial en sus decisiones judiciales.

A menudo, el tema de la política y la discriminación racial no es visto como una prioridad central del movimiento obrero, pero es nuestro deber proteger a los trabajadores de la discriminación racial en nuestros lugares de trabajo y en nuestra sociedad. Uno de los desafíos más importantes del movimiento obrero es entender cómo la discriminación racial perjudica a todos los trabajadores e impide nuestra capacidad de proteger los derechos de los trabajadores.

En 2015, cuando la AFL-CIO creó la Comisión Laboral de Justicia Racial y Económica, nos preparamos para tener serias conversaciones internas con líderes y miembros acerca del modo en que la política y la discriminación racial han afectado nuestra cultura y socavado las relaciones con las comunidades de color.

Nos reunimos con cientos de miembros del sindicato y líderes, yéndonos más allá de la incómoda conversación sobre raza. Llevamos a los presidentes de sindicatos afiliados y los directivos de iglesias bautistas y de salones sindicales de Oakland, St. Louis, Cleveland, Birmingham, Minneapolis y Boston para escuchar las historias de nuestros hermanos y hermanas trabajadores sobre cómo el racismo les ha afectado en su trabajo y sus vidas personales.

Lo que oímos en cada ciudad fue un grito de auxilio pidiendo más empleos sindicales para la comunidad negra, oportunidades justas para que las personas de color puedan avanzar a posiciones de liderazgo dentro de los sindicatos sin enfrentarse a obstáculos indebidos o discriminación, y un llamado a los líderes sindicales a hablar con más fuerza sobre las cuestiones de injusticia racial.

Los temas en empleos y oportunidades de calidad para todos los trabajadores son centrales en esta discusión. Los efectos secundarios del racismo son escuelas con pocos recursos, trabajos mal pagados sin beneficios, brutalidad policial, encarcelamiento masivo, acceso deficiente a atención médica y privación de derechos al voto libre. Llamamientos políticos y promesas de índole racial a los trabajadores blancos llevan a la aprobación de políticas dañinas como “derecho al trabajo” (“right-to-work”, en inglés) pero si trabajamos juntos para vencer la inequidad racial en nuestros lugares de trabajo, en la política y en la sociedad, ganaremos políticas que beneficien a los trabajadores y elegiremos políticos que ayudan a todos los trabajadores. Como dijo el presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka, al dirigirse a los sindicatos en St. Louis: “Juntos estamos de pie, divididos, rogamos. Nuestro futuro está unido porque todos necesitamos lo mismo, dignidad y libertad “.

El futuro de nuestros trabajos depende de que tengamos un análisis crítico de cómo los temas de raza afectan a los trabajadores blancos, a los trabajadores de color y a los trabajadores inmigrantes. Una coalición para asegurar y retener empleos para las familias trabajadoras será posible y más fuerte si somos capaces de conectar nuestras luchas por la justicia a la lucha por un movimiento obrero más fuerte.

El mes pasado, nuestra comisión publicó un informe y recomendaciones para abordar la política racial y la justicia económica para líderes sindicales y miembros de base. Escribimos como forma de inspiración en las recomendaciones sobre el futuro de los trabajadores y cuáles son los pasos necesarios para hacer crecer los sindicatos.

El propósito de este informe es inspirar a los actuales líderes sindicales a realizar cambios transformadores y a abordar las políticas raciales que han llevado a una brecha entre los trabajadores blancos y los trabajadores de color.

Además del informe, queríamos proporcionar herramientas concretas para los miembros del sindicato interesados en tener sus propias conversaciones sobre las repercusiones raciales en los trabajadores a través de un marco conceptual para derrotar a la política Dog Whistle* y un kit para tener serias conversaciones de raza y economía.

Este mes de la historia negra, enfoquemonos en el futuro de la fuerza laboral: un futuro que capacita a los trabajadores negros a avanzar hacia un liderazgo en los sindicatos, hacia mejores contribuciones en sus comunidades y a mejorar su poder político para construir un movimiento laboral más vibrante y dinámico.

*en política “Dog Whistle” es un discurso dirigido a un sector político con la intención de codificar o usar mensajes encubiertos, usualmente usado por políticos de derecha en los EEUU.

Fred Redmond es el vicepresidente de United Steelworkers (USW). También es presidente adjunto en la Comisión Laboral de Justicia Racial y Económica y vicepresidente del Comité del Consejo Ejecutivo Civil y Derechos Humanos de AFL-CIO. Este artículo apareció originalmente en el blog de AFL-CIO Now.

Translated from “Unions can reverse racial wedge politics that divide workers

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Fred Redmond
Fred Redmond

Fred Redmond is the vice president of the United Steelworkers (USW). He also serves as the co-chair of the Labor Commission on Racial and Economic Justice and the vice chair of the AFL-CIO Civil and Human Rights Executive Council Committee.

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