Argentina quiere decir «nunca más» a la deuda externa
Las organizaciones sociales protestan contra las medidas económicas del gobierno en las afueras de Buenos Aires, Argentina, el 24 de septiembre de 2019. Natacha Pisarenko | AP

Con la seguridad que infunde poseer la razón, el nuevo Gobierno argentino ya ha alzado el pie y se dispone a dar el primer y más importante paso del inicio de su mandato, a partir del cual podrá definirse todo.

La renegociación de la deuda externa en que dejó entrampado al país el ejecutivo de Mauricio Macri, resulta imprescindible para acometer los propósitos con que el Frente de Todos quiere sacar a flote a Argentina.

La urgencia se entiende de manera sencilla, y no solo porque el mandato durará apenas cuatro años. No se puede caminar mientras se arrastra un fardo de más de 280 000 millones de dólares adeudados a tenedores privados y al Fondo Monetario Internacional (FMI); y no solo porque el bulto de billetes pese demasiado: si no se cumple cada desembolso en el plazo previsto, el país sería declarado en default —es decir, en cesación de pagos— y entonces sí que el mundo les cortaría a los argentinos en pleno, el agua y la luz.

El arranque oficial para conseguir «el alivio» ha sido el primer encuentro del joven ministro de Economía, Martín Guzmán, con los acreedores privados; una cita que tuvo lugar esta semana en el Council of América de Nueva York, y de la cual no todos los hombres de negocios salieron muy contentos, según ciertas fuentes que, a lo mejor, quieren ver las cosas solo del lado oscuro.

El titular, dijeron los quejosos, no brindó detalles de su «oferta» para renegociar, y menos del plan fiscal que aplicará el Gobierno argentino. ¿Acaso los empresarios tienen que fiscalizar lo que el ejecutivo hará?

De cualquier modo, las señas ya las había dado Guzmán antes de partir a la reunión. Son las mismas que anunció el presidente Alberto Fernández cuando aún era candidato.

Entonces el mandatario advirtió que, en lo adelante, no se tomaría prestado otro dólar. Y que, antes de pagar, lo primero sería retomar el crecimiento.

A estas alturas está claro que lo que Argentina busca es «reperfilar» el cronograma de pagos, un vocablo al uso para sustituir la consabida palabra «renegociación», y que tiene matices conceptuales distintos pues la nación no aspira a «quitas», es decir, a reducción en el valor nominal de los adeudos. Se busca, apenas, una restructuración —otra definición actual— que permita postergar los plazos de vencimiento.

La postura es de indiscutible razonamiento técnico: ¿cómo pagar si el país no produce?, ¿acaso pidiendo para endeudarse más, tal cual hizo Mauricio Macri?

Pero el derrotero de Fernández, que Guzmán sigue, también lleva implícito un sentimiento de soberanía nacional insoslayable si se quiere llevar a la economía y al país, a buen puerto.

«El programa económico fue diseñado y ejecutado por nosotros (…) Lo nuestro es nuestro», dijo Martín Guzmán antes de partir a Estados Unidos, cuando se le preguntó en torno a la esperada negociación con el Fondo.

La seguridad con que se conduce el titular, no sorprende. Primero, porque han sido los condicionamientos de la institución financiera internacional —a cambio de los créditos otorgados a Macri—, la causa de que, otra vez, las cosas estén como están: disparo del desempleo por despidos estatales y la quiebra de pequeñas y medianas empresas, economía ralentizada, menos poder adquisitivo que hizo resurgir la carencia alimentaria y en algunos casos el hambre, rebajas de las pensiones, precariedad laboral, subida en los precios del gas y la electricidad, y un largo etcétera que es similar en todas partes donde se aplica ese neoliberalismo a sangre y fuego.

En segundo lugar, porque Guzmán no es un advenedizo. Ha trabajado durante varios años junto al Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y se ha hecho experto, precisamente, en las lides que rodean las deudas soberanas.

«Es el hombre adecuado en el momento correcto (…) Un economista brillante y conocedor que puede combinar el vigor juvenil con una experiencia más allá de sus 37 años», dijo Stiglitz entonces.

De otro lado, economistas prestigiosos que miran las cosas desde un ángulo más político y ubicado en el Tercer Mundo, como el belga Eric Toussaint, afirman que el ejecutivo de Alberto Fernández tiene todos los argumentos para no pagar, porque el Fondo violó sus propios requerimientos técnicos al negociar con Mauricio Macri la entrega del mayor crédito que la institución haya aprobado jamás (57 000 millones de dólares), aún sabiendo que, ya entonces, Argentina no tenía posibilidades de devolverlo.

Algunos estiman que el FMI siguió instrucciones de Donald Trump para sostener a Macri; pero otros consideran que el propósito fue volver a atar a Argentina al Fondo Monetario Internacional, como lo estuvo desde mediados de los años de 1980 hasta la recuperación lograda con Néstor Kirchner a partir de 2003, tras la renegociación de la deuda de aquel entonces y el rompimiento con los dictados del FMI. Así sería un país «más manejable».

Ahora algunos temen los intereses y la influencia que podría tener Trump en las actitudes que adopte el Fondo Monetario cuando se abran las negociaciones.

Mucha gente preocupada

Aunque fue de rutina, la reunión de esta semana en Nueva York tuvo matices de urgencia. Tocan a las puertas ya los primeros vencimientos de pago de deuda a los privados, y el país tiene las arcas vacías.

No obstante el sabor de estreno que tuvo el encuentro con 50 tenedores de bonos que representaban, según trascendió, el 40 por ciento de todos los acreedores privados, ya hubo otros encuentros, especialmente, con el FMI.

El Fondo desembolsó y ahora no pierde pie ni pisada al país. Apenas las elecciones primarias (PASO) mostraron como cierta la posibilidad del triunfo peronista en octubre, sus funcionarios acudieron a sondear el terreno y  entrevistarse con Fernández.

Más recientemente, el propio mandatario conversó con la nueva titular de la institución, la búlgara Kristalina Georgieva; y luego lo hizo el Ministro de Economía quien, al parecer, salió de la entrevista con más satisfacción que pesares, de acuerdo con su consideración de que el FMI «ha cambiado».

Ahora Martín acaba de encontrarse con dos de sus principales funcionarios, y volverá al diálogo con Georgieva en febrero, amparados los dos por los buenos deseos del Papa Francisco, porque la cita será durante la presencia de ambos en el Vaticano.

Lo que sigue no resultará fácil. Argentina aspira a postergar los plazos de pago sin quita —como lo exige, además, un empréstito tan grande como el que Macri dilapidó— pero, según los manuales fondomonetaristas, para conceder ese aplazamiento, la nación debería asumir compromisos… Y Buenos Aires insiste en que no habrá más recetas.

«No vamos a permitir ninguna condicionalidad», ha dicho el titular de Economía.

Un frente unido

Quizá una de las mejores cosas que tenga la posición argentina, sea la manera unitaria en que se le fragua y sostiene.

Hace cuatro días, en un debate inédito, la Cámara de Diputados aprobó casi unánimemente, incluso con el respaldo de los legisladores del ahora opositor Juntos por el Cambio, un proyecto de ley que faculta al ejecutivo a renegociar la deuda en dólares con los acreedores privados extranjeros.

Se espera que se convierta en ley cuando el Senado la debata, la semana que entra y, aunque el texto ciñe al Gobierno el establecimiento de los términos de la negociación, el contundente respaldo que recibió de 224 votos con solo dos en contra y una abstención, otorga también un fuerte crédito moral (y no solo autorización oficial) para que el Gobierno actúe.

De cualquier modo, nada parece haberse dejado «a la buena de Dios». Mientras con los privados se deja las manos libres al ejecutivo, se irá en equipo a la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Un team acompañará a Guzmán en el alistamiento de las propuestas para ese trámite: el más difícil.

El nuevo organismo se llama Unidad de Relaciones Técnicas con el FMI, y su misión será asistir al Ministro de Economía en la «formulación y ejecución de la estrategia» de esos nexos y, según la prensa argentina, el que formule las propuestas.

Cada vez parece existir más consenso sobre lo pernicioso de los empréstitos y las deudas, a juzgar por los cerrados aplausos que siguieron a la intervención de Máximo Kirchner Fernández, jefe de la bancada del Frente de Todos en la Cámara de Diputados, durante la discusión de la ley aprobada allí esta semana.

«Aquí lo que tenemos que decir es “¡nunca más!” a la deuda externa, y empezar a elaborar entre todos una política económica que elimine, en lo adelante, este tipo de problemas de la sociedad argentina».

Esta es la segunda vez en esa nación que tal reto se enfrenta. Y la puja apenas comienza.

Por Marina Menéndez Quintero 

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